El pipi can NO es malo…

pipican

Ni bueno tampoco. El pipican es UN LUGAR, nada más.

Lo «bueno» o lo «malo» (o todo lo del medio) es lo que te puedes encontrar DENTRO de ese lugar.

 

El pipican, generalmente, no es la única opción que tenemos para soltar a los perros. Sin embargo, es a la que más acceso suele tener la gente día a día.

 

Creo muy importante matizar que un perro sí puede disfrutar y aprende de lo que vive dentro de un pipican, pero siempre teniendo en cuenta detalles importantísimos. Pero también, que el uso del pipican sin conocimiento, puede causar problemas importantes de gestión en los perros.

 

Si el pipican es lo único que tienes, debes de saber cómo utilizarlo. Al final no deja de ser una herramienta. Está en tu poder aprovecharla a tu favor o cagarla utilizándola.

 

Si tengo que decidir entre que un perro esté sin relaciones sociales porque el pipican es «malo» y que un perro pueda aprender algo porque su tutor tiene conocimiento de cuando entrar y cuando no al pipican, yo tengo claro que es la segunda opción.

Lee estos puntos con atención para saber cómo utilizar el pipican:

  1. Antes de ir a pipi can con  tu perro, ves a verlo tú solx. En los horarios que tienes disponibles para pasear a tu perro (sea recién adoptado o cachorro) y valora qué perfil de perros y humanos hay, qué aglomeración, qué tipo de comunicación existe
  2. Valora si tu perro está preparado para esta experiencia y siempre recuerda que menos es más. Si no quiere entrar, no lo obligues. 
  3. Recuerda – EL PIPICAN NO SUSTITUYE UN PASEO DE CALIDAD
  4. Si oyes «se tienen que apañar», ves «lanzadores de pelotas o palos», gente que está con su móvil y no con su perro, ni te molestes en entrar y aprovecha cualquier otro sitio para pasear.
  5. Si has decidido entrar, tras valorar que las experiencias pueden ser positivas para tu perro, muévete – no te quedes de charreta con la gente en un punto. El movimiento ayuda a liberar tensiones que se puedan crear en estático. Además, eso te permite conectar con tu perro de verdad y ver quién viene, cómo se lo gestiona el tuyo etc. 
  6. Escucha a tu perro – si te pide salir, sal. Aunque lleves 10 segundos dentro.

Intentemos buscar lo mejor que podemos dar en nuestras circunstancias.

Eduquemos haciendo pensar, en vez de tachar sin más.

Enseñemos cómo utilizar qué herramientas y en qué nos pueden ayudar o perjudicar.

 

No todo es blanco o negro.

Se pueden elegir diferentes formas de trabajar y usarlas según el individuo, sus circunstancias, sus capacidades, el momento en el que se encuentra…

Y por individuo digo perro y persona. Porque ambos contáis, ambos tenéis mucho que decir.

 

Si sientes que necesitas ajustar algo con tu perro, que hay cosas en las que no os estáis entendiendo, estaré encantada de acompañarte en tus procesos, en tu aprendizaje para entender mejor a tu perro y tener una convivencia de mayor calidad desde el primer momento. 

Y si tienes un cachorro o estás a punto de tenerlo

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